Y es que una buena mercadotecnia para un producto «milagroso» que promete darnos millones de beneficios a cambio de una considerable cantidad de dinero, ya es pan nuestro de cada día.

Desde los ya clásicos «Pare de sufrir» hasta los zapatos con los que mágicamente bajamos de talla al portarlos, encontramos un sinfín de productos milagro que nada más no cumplen con nuestras expectativas.

Es el gran caso de las pulseras Power Balance que si alguno de ustedes ha visto el comercial de las mismas, estoy seguro que han pensado más de una vez en comprarlas sino es que ya lo hicieron. Usando la imagen de varios deportistas y famosos del espectáculo, las pulseras ganaban el ser comentadas de boca en boca al ver tantos beneficios en publicidad como el de «imitar filosofías orientales, generando distintas reacciones en personas» para poder tener mejor desempeño físico adoptando una postura excelente, gracias a usar la pulserita unas cuantas horas al día.

El mismísmo Robert de Niro fue estafado (o posiblemente muy bien pagado por portarla).

La contraparte de la publicidad no se hizo esperar, cuando un grupo de defensa al consumidor de Australia llamado Australian Competition and Consumer Commission, ha interpuesto demandas a la empresa argumentando que varios consumidores fueron engañados y timados, por lo que se exigía la devolución del dinero pagado por ellas (30 dólares por bandita).

No conformes sólo con la devolución del dinero a cada persona que se sintió engañada, la misma comisión obligó a la empresa a borrar todo tipo de publicidad engañosa; quitar las palabras «tecnología de rendimiento» de las bandas y por si fuera poco, publicar un anuncio informando a toda persona que los argumentos que manejaban en la publicidad, nunca fueron científicamente comprobados. (Y aquí la prueba)

Multas y demandas en Estados Unidos, Italia y España, sólo han dejado a la empresa vendiendo bandas no-magnéticas bonitas que no dan ningún resultado ofrecido, teniendo que cerrar páginas de publicidad y sacar todo comercial de televisión. Claro que en México es como si nada hubiera pasado y posiblemente, seguiremos viendo este tipo de falsa publicidad; pero gracias a que ahora podemos conocer lo que en otro lado del mundo pasa, podemos seguir el ejemplo para exigir nuestro derecho a recibir lo ofrecido cuando damos cierta cantidad de dinero y no quedarnos callados.

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