Cuenta la leyenda que, cuando este niño nació, un enjambre de abejas lo rodeó sin hacerle el menor daño, de ahí que sus padres lo llamaran “Lalibela” que significa “Las abejas reconocen su soberanía“.

La profecía estaba escrita, Gebre Mesqel Lalibela había nacido para gobernar Etiopía, pero su hermano, rey en aquel entonces de esas tierras, trató de envenenarlo para sacarlo de su camino.

Como resultado de este ataque Lalibela permaneció tres días en estado de coma, durante ese tiempo, un ángel llevó su alma al cielo y le enseñó las iglesias que debería construir cuando despertara.

Once iglesias monolíticas en forma de cruz fueron excavadas en las montañas de Roha en un lapso de 24 años, la tradición dice que los ángeles ayudaron a Lalibela a cincelar esas maravillas esculpidas en piedra.

Se dice también que el mismísimo Cristo pidió al aquel entonces rey de Etiopía abdicar en favor de su hermano, y que fue así como Lalibela se convirtió en el soberano de ese país de 1181 a 1221.

La historia detrás del mito nos cuenta que el rey Lalibela estaba decidido a convertir a su ciudad natal, Roha, en una nueva Jerusalén después de haber conocido a la Ciudad Santa para así tener un centro de peregrinación similar a aquella que en ese tiempo se encontraba sitiada por los musulmanes.

Fue así como se construyeron las magníficas iglesias cruciformes, con la ayuda de 14 mil obreros y la ciudad de Roha se volvió el lugar santo de esta tierra africana. Tiempo después, Lalibela fue canonizado y elevado a la categoría de santo y Roha tomó su nombre.

Las iglesias talladas en roca de Lalibela, Etiopía, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978.

Para saber más: Lalibela