Ya sé que me he tardado un poco en postear algo sobre las series en estas semanas, pero entre tantas que veo, además de que no encuentro por dónde empezar, tampoco queda mucho tiempo para escribir los posts; pero esta vez me he hecho un tiempo porque de verdad quiero recomendarles una serie que es realmente buena en cuanto a historia, edición, dirección y actuación; aparte de que hoy 27 de octubre ¡¡¡EMPIEZA!!!

Friday Night Lights es una serie de televisión estadounidense ganadora de numerosos premios, adaptada por Peter Berg, Brian Grazer y David Nevins a partir del libro Friday Night Lights: A Town, a Team and a Dream, escrito por H. G. Bissinge y Friday Night Lights, película homónima protagonizada por Billy Bob Thornton. Producida por la NBC Universal y emitida por la NBC debutando el 6 de octubre de 2006 con un número inicial de 22 episodios.

Friday Night Lights se centra en un ficticio pueblo rural de la América media, llamado Dillon, Texas, donde el codiciado anillo del campeonato estatal de fútbol americano es considerado el mayor galardón, la mayor recompensa que el pueblo puede llegar a conseguir. Y es que en Dillon, el fútbol americano del instituto no es sólo un deporte, es una forma de vida, muy mala.

Cualquier intento de explicar el argumento de Friday Night Lights parece simplificar lo que realmente es. Trata del entrenador que llega con su mujer y su hija a un pueblo perdido en Texas. Del quarterback que en el primer partido de la temporada se lesiona, quedándose paralítico. De su novia, la carismática cheerleader, que ve como el futuro que tenía planeado para ella y para su príncipe azul se resquebraja en un abrir y cerrar de ojos. También trata del quarterback suplente, un don nadie que se encuentra a sí mismo supliendo al ídolo local, trabajando y cuidando de su abuela mientras su padre está en Iraq. Y de Tyra, la bala perdida que tontea con la mitad de la plantilla de los Panthers. Y de unos cuantos más jugadores, familiares, amigos o seguidores que intuyen que para ellos no existe un final de película. Por eso centran sus esperanzas en el equipo del instituto. Porque, cuando los Dillon Panthers salen al campo esplendorosos bajo su rugido, los focos iluminan algo más que el campo de fútbol: una pequeña brecha donde se esconde la ilusión y la esperanza de un futuro mejor.

Es un show cargado de matices, con un reparto numeroso y ecléctico, con un guión sin faltas, casi perfecto, que fluye como una maquinaria engrasada. Sus diálogos son directos, mientras la trama se va desenvolviendo poco a poco hasta alcanzar la compleja visión global de la vida misma, con interpretaciones sinceras, cargadas de emotividad y contundencia, al mismo tiempo sexies e inteligentes. Se crece con las inseguridades, miedos y desafíos, tanto de los personajes adultos como de los más jóvenes, a los que trata como seres humanos, no como los habituales estereotipos de cartón. Muchachos de diecisiete años convertidos en superestrellas locales, auténticos ídolos, que deben aprender a manejar la fama, el poder y la influencia a su alcance, al tiempo que maduran en el seno de familias desestructuradas.

Actoralmente, el reparto es inmejorable. De hecho, los responsables de casting de Friday Night Lights han sido galardonados con un Emmy recientemente. Con caras apenas conocidas (Connie Britton de Spin City o 24, y Kyle Chandler, el experto en explosivos de Grey’s Anatomy, son sus rostros más famosos), todos los actores cumplen admirablemente con sus papeles. Además, gozan de unos guionistas competentes que han logrado crear unos personajes claramente complejos, tarea difícil cuando se trata de adolescentes. Incluso el pendón del instituto (Adrianne Palicki) tiene complejidad emocional y consigue conectar con el espectador, porque se la trata como persona, no como adolescente. La crearon como algo más que un estereotipo, al igual que al quarterback perfecto (Scott Porter), al alcohólico problemático (Taylor Kitsch) o el humilde suplente (Zach Gilford). Y además han equilibrado la balanza entre los personajes, de donde sobresale Lyla, la novia del paralítico, y no precisamente por estar más tiempo en pantalla. De voz enternecedora, belleza natural y talento incuestionable, Minka Kelly  hace de Lyla una auténtica luchadora y la convierte en la auténtica cheerleader de la televisión estadounidense.

En el aspecto técnico se debe apreciar la arriesgada propuesta de los realizadores que parecen escudriñar el alma de los personajes y las situaciones en cada momento. La cámara se tambalea (seguramente no hay ni un solo plano hecho con un tripié en las 4 temporadas pasadas) y los planos son cortos y a menudo se trata de planos de detalle, enfatizadores de cada pequeño matiz de los actores. Un montaje meticulosamente planificado con muchas escenas dignas de recordar, como la de Lyla abriéndose paso por un pasillo en el décimo episodio, con un buen uso de la luz y de la música. Porque si algo diferencia a Friday Night Lights de las demás series con adolescentes es la estética, fría y deprimente, y su música. No hay canciones de grupos poperos o rockeros sino una composición adecuada de W.G. Snuffy Walden que retrata la decadencia de Dillon con más que solvencia.

Y parecía que no iba a llegar nunca esta fecha pero ha llegado la hora de empezar a despedirnos de los Taylor y compañía ya que esta noche se estrena la quinta y última temporada de una de las mejores series de televisión de los últimos años, y no estoy exagerando. Por delante tendremos 13 episodios que habrá que paladear como un buen vino (o un buen chocolate) porque difícilmente volveremos a tener una serie como esta en antena (y para muestra Lone Star).

La cuarta temporada fue una temporada de muchos cambios. Durante tres años nos metieron en la sangre el amor por el azul de los Panthers para, de repente, pasarnos al rojo de los Lions y acabar amándolos aún más. ¿Y cómo es esto posible? Una de las razones es porque los espectadores somos infieles por naturaleza pero este cambio de chaqueta (incluso de Buddy Garrity) es posible principalmente porque en realidad no somos de los Panthers ni de los Lions sino que somos Team Taylor, y allá dónde vaya él iremos nosotros de cabeza.

El final de la pasada temporada nos dejó varios frentes abiertos que esperemos se cerrarán es esta temporada. Para empezar, veremos qué tal le va a Laundry después de convertirse en un héroe al conseguir los puntos decisivos para ganar a los Panthers ¿se le habrá subido a la cabeza? Después están Vince y Jess y su complicada relación, y sabremos si Luke ha decidido trasladarse a otro instituto. Además, volveremos a ver a varios de los antiguos estudiantes del West Dillon y sabremos que ha sido de Kyra, Smash,Street o de Matt y su carrera artística.

He dejado para el final a los Taylor porque tienen ante sí unos meses bastante complicados. Julie debe decidir sobre su futuro, y encontrar su Chicago, es decir, decidir qué quiere hacer con su vida. Además, ahora que Tami no tiene trabajo, seguro que va a estar muy encima de ella porque, como sabemos, Tami no puede estar quieta ni un momento. Y por último tenemos al entrenador Taylor, que dudo que este año se conforme con ganar a los Panthers, ahora el objetivo tiene que ser el campeonato. ¿Se lo imaginan? (¡Go Lions, go!) Sea como sea, seguro que esta temporada nos deparará muchas sorpresas y más de una lagrimita, que en eso son los mejores.

Y para los que todavía no le hayan dado una oportunidad a esta serie, no se dejen engañar por el envoltorio de serie adolescente ni por el de serie deportiva porque Friday Night Lights es mucho más. Es uno de los dramas mejor construidos y más especiales de la televisión actual y no necesitas saber qué es un touchdown para emocionarte con los partidos de los Panthers/Lions; así que esta noche o mañana temprano no dejen de buscar el capítulo por la web y le den la oportunidad a esta excelente serie que les aseguro les dejará un gran sabor de boca.

Aquí les dejo dos promocionales que describen en pocas imágenes de lo que trata esta magnífica serie:

¡¡¡Clear Eyes, Full Hearts, Can’t Lose!!!